jueves, 8 de mayo de 2008

Luces de abril

Lo bueno del otoño se hace quizá más claro en su forma anglosajona: fall. Sin menosprecio de tan maravillosa palabra como es su versión latina, fall, exhibe uno de los lados más esenciales de esta bellísima estación: la caída.

Así como las hojas secas, el fulgor de las flores, los verdes saturados, las neblinas, los sobretodos sobre el cuerpo o la noche sobre las tejas húmedas, todo sen-ci-lla-men-te...
cae.

Los astros se alinean para cambiar las reglas de juego, para abolir las mermeladas diet y los happy endings, para cambiar de una vez por todas el paradigma de la sonrisa por la sonrisa misma, todo movimiento responde ahora a su majestad el otoño.

Entonces uno, colmado de dicha y acunado de abriles, se siente ahora como en casa, ya no siente culpa alguna por su eterna peripecia hacia el abismo.
Ahora puede jugar en él a sus anchas y a nadie llama la atención, a nadie apena o exalta. En otoño pude uno sangrar en paz.
¡Viva el otoño,
Viva su muerte!

1 comentario:

Sofía dijo...

Dejo mi firma para que pase a visitar por mis nuevos pagos, aunque por el momento no hay mas que 4 textos míos (casi todos ya leídos por usted) y el resto son de otras gentes que escriben un poco mejor

saludos Nacho